Lácteos y Trigo  · Néstor Palmetti

Es conocido el efecto negativo de la proteína cárnica, tan redundante como hablar del cigarrillo; todos sabemos sobradamente lo que significa y cada uno conoce bien a lo que se expone con su consumo. Sin embargo hay otros alimentos que gozan de “buena prensa” y tienen imagen saludable, cuando en realidad merecen ser expuestos como principales responsables del silencioso ensuciamiento cotidiano. Sobre todo porque los consumimos pensando que forman parte de una “dieta sana” y en realidad son causa de nuestros principales problemas crónicos y degenerativos. Nos referimos a dos alimentos populares como lácteos y trigo. Muy pocos se cuestionan su consumo, asociados psicológicamente a la esencia de la vida. Ninguno de sus problemas resultaría tan grave en sí mismo, si no fuese por la sumatoria y el volumen de consumo que realizamos. El gran inconveniente es la cotidianeidad, la rigurosidad, la combinación y la abundancia de nuestra ingesta. Las publicidades nos incitan a ello. Y por eso el colapso de la salud. Algo importante: estos alimentos no aportan nutrientes esenciales. Es más, muchas etnias y civilizaciones nunca los utilizaron, sin por ello quedar expuestos a carencias o debilidades. No hay ningún nutriente necesario y útil a la función corporal, que no sea apropiadamente satisfecho por otros alimentos fisiológicos como semillas, frutas, hortalizas y derivados marinos. Entonces ¿por qué jugar con fuego? ¿La respuesta? Tal vez aquello que explica su prepotente irrupción como “estrellas” de la dieta moderna: su efecto adictivo.

Lácteos Y Trigo - Néstor Palmetti
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Lácteos y Trigo  · Néstor Palmetti

Es conocido el efecto negativo de la proteína cárnica, tan redundante como hablar del cigarrillo; todos sabemos sobradamente lo que significa y cada uno conoce bien a lo que se expone con su consumo. Sin embargo hay otros alimentos que gozan de “buena prensa” y tienen imagen saludable, cuando en realidad merecen ser expuestos como principales responsables del silencioso ensuciamiento cotidiano. Sobre todo porque los consumimos pensando que forman parte de una “dieta sana” y en realidad son causa de nuestros principales problemas crónicos y degenerativos. Nos referimos a dos alimentos populares como lácteos y trigo. Muy pocos se cuestionan su consumo, asociados psicológicamente a la esencia de la vida. Ninguno de sus problemas resultaría tan grave en sí mismo, si no fuese por la sumatoria y el volumen de consumo que realizamos. El gran inconveniente es la cotidianeidad, la rigurosidad, la combinación y la abundancia de nuestra ingesta. Las publicidades nos incitan a ello. Y por eso el colapso de la salud. Algo importante: estos alimentos no aportan nutrientes esenciales. Es más, muchas etnias y civilizaciones nunca los utilizaron, sin por ello quedar expuestos a carencias o debilidades. No hay ningún nutriente necesario y útil a la función corporal, que no sea apropiadamente satisfecho por otros alimentos fisiológicos como semillas, frutas, hortalizas y derivados marinos. Entonces ¿por qué jugar con fuego? ¿La respuesta? Tal vez aquello que explica su prepotente irrupción como “estrellas” de la dieta moderna: su efecto adictivo.